III

 

 

El Greco

 

A mediados del siglo XVI (1556) el emperador, Carlos I, abdica en su hijo Felipe II, que a pesar de iniciar obras en el Alcázar para acondicionarlo como residencia real, decide trasladar la capital a Madrid, ciudad que consideraba más apropiada por su carácter abierto y sus posibilidades de expansión. A partir de este momento Toledo intenta recuperar la capitalidad acometiendo una serie de reformas que pudieran dar la imagen de una ciudad moderna. La nobleza inicia una intensa actividad cultural mediante el mecenazgo de obras para embellecer la ciudad a lo que contribuye la construcción de modernos y suntuosos palacios siguiendo los modelos y las pautas renacentistas.

 

En este ambiente El Greco llega a Toledo en 1577, tras viajar por Italia donde adquiere su formación como artista. Su estancia en Venecia en los talleres de grandes maestros como Tiziano, Veronés, Tintoretto, entre otros, dejan una importante huella en él; asimila las lecciones de los venecianos que luego influirán considerablemente en su estilo, mostrándose en la pincelada suelta, la intensidad de la luz, los colores intensos y básicos aunque en una amplia gama, el predominio de éstos sobre la línea del dibujo, etc.. En Roma se ve muy influido por Miguel Ángel y sobre todo por los pintores manieristas de los que aprende el excesivo alargamiento de las figuras que luego será tan característico de su estilo.

 

Al poco tiempo de establecerse en Toledo tiene un hijo, fruto de su relación con Jerónima de las Cuevas, que trabajará con él en su taller y será uno de los arquitectos más importantes de la ciudad. En 1579 termina sus dos primeros encargos en Toledo: el retablo para Santo Domingo el Antiguo y El Expolio para la sacristía catedralicia. Poco después viaja a Madrid con la intención de participar en la decoración del monasterio de El Escorial; en 1580 Felipe II le encarga un lienzo con el tema del Martirio de San Mauricio, pero el cuadro no gusta al monarca ya que no presentaba el tema principal en primer plano como exigían los ideales contrarreformistas. De vuelta a Toledo se enfrenta a diversos pleitos a causa de la tasación y del resultado final de El Expolio perdiendo desde entonces el favor de los altos cargos catedralicios.

 

Pero el pintor cretense ve posibilidades económicas y profesionales en Toledo que era todavía una ciudad muy poblada, a pesar de la emigración a la capital, y rica gracias a sus intensas actividades industriales sobre todo en el área textil.

 

Su clientela más importante se encuentra entre los eclesiásticos que poseían un buen nivel económico y que ven en El Greco el artista perfecto para difundir los ideales de la Contrarreforma en una ciudad como Toledo donde se respiraba un clima de espiritualidad tal que optaba a convertirse en capital religiosa y en ejemplo para otras ciudades, sobre todo bajo el mandato del arzobispo Gaspar de Quiroga.

 

El Greco se va introduciendo poco a poco en los círculos intelectuales de la ciudad que estaban formados por clérigos, cargos municipales, miembros de importantes familias nobles o dedicadas al comercio, que le permiten relacionarse con todos estos sectores que le proporcionarán numerosos encargos. Esto le permite abrir un taller donde el cliente encargaba el modelo del muestrario que era de su gusto y que después se reproducía.

 

En 1586 pinta uno de los cuadros más célebres e importantes de su carrera para la iglesia de Santo Tomé: el Entierro del Conde de Orgaz.

 

A partir del año 1600 sus cuadros representan su etapa típicamente toledana que se caracteriza por los cielos fríos, múltiples focos de luz, ambientes irreales, figuras excesivamente alargadas, muy espirituales como la Asunción del Museo de Santa Cruz y de formas muy desmaterializadas como sus obras finales que se conservan hoy en el Hospital de Tavera. De su etapa final, poco antes de su muerte, es la representación de la ciudad en la que vivió y que fue testigo de su genial talento: Vista y plano de Toledo que hoy se conserva en la Casa-Museo del pintor.

 

 

Artesanía

 

 La ciudad de Toledo ha sido durante siglos ciudad de artesanos que han sabido, al igual que en su arquitectura y arte, integrar las técnicas de los diferentes pueblos y culturas.

 

Quizás la más representativa de todas estas industrias es la de las espadas, aunque para mayor precisión debería hablarse del "acero toledano" para incluir las extraordinarias armaduras que aún hoy se continúan elaborando. Una parte importante de la producción está destinada a su venta al turismo, por ejemplo las réplicas de espadas famosas: Tizona, Colada, Boabdil, Jaime I, Excalibur; aunque aún hoy se siguen realizando sables para distintos ejércitos del mundo.

 

Otra técnica muy desarrollada en Toledo es el damasquinado, consistente en embutir metales finos (oro y plata preferentemente) en el acero o el hierro formando dibujos. De origen musulmán, se aplica en espadas y armaduras, así como en infinidad de objetos: platos, joyas, jarrones, alfileres.

 

Destacan también por su merecida fama diversas alfarerías de la provincia, y muy especialmente las de Talavera de la Reina y de El Pueblo del Arzobispo

 

También los dulces, en especial el mazapán, conocido y exportado a muchos países del mundo

 

 

EL GRECO

Antonio de Covarrubias

El Caballero de la mano en el pecho

El entierro del Conde de Orgaz

(Fragmento 1)

(Fragmento 2)

(Fragmento 3)

Cristo en la Cruz adorado por Donors

Retrato de un Cardenal

El expolio

San Martín y el mendigo

San Pedro

San Pablo

ARTESANÍA

Armadura y escudos

Armadura

Bordadoras y bordado típico

Bordado típico

Cerámica

Cerámica

Damasquinados

Damasquinados

Aceros Toledanos (Armas Históricas)

Aceros Toledanos (Espadines)

Anguila de Mazapán

"Quesos grandes"  (Mazapán)