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ESTUVO ELLA TAN CERCA...
Estuvo ella tan cerca,
su cuerpo junto al mío,
que entreverle los senos
era amarla dos veces.
Iba el río cantando
porque el agua del río
el cuerpo de la niña le
inventaba los peces.
Era tan bello el cuerpo
y el cuerpo era tan mío,
que yo supe ser río
jugando con sus peces.
Pasa el río gritando, y
a la orilla del río
un recuerdo redondo me
tortura dos veces.
¿Qué se hicieron los
senos de la niña en las
ondas?
¿Por cuál cauce de
sombra naufragó su
azucena?
¿Por qué arroyos sus
brazos y en qué grutas
sus frondas?
Vuelve el río llorando
sin la niña. Salvaje
fulge el trópico y ríe.
-De la niña, en la
arena,
quedó sólo la forma de
un perfume en su traje-.
A. A. Montoya

EN SECRETO
Ven, acércate más, bebe
en mi boca
esto que llamas nieve;
verás que con tu aliento
se desata,
verás que entre tus
labios se enrojecen
los pétalos del ámbar...
Ven, acércate más.
uerde mi carne
con tus manos morenas;
verás qué dulcemente se
desmaya
el cactus de mi cuerpo,
y surge tenue de la
nieve dura
la misteriosa suavidad
del nácar.
No sentirás mi carne
llamearse
con tersas rosas
cárdenas,
pero sabrás que es tibia
como un nido
de plumas sonrosadas...
Ven, acércate más,
bebe el aliento
que se aleja de mí como
una ráfaga;
en vez de fuego sentirás
el fresco
despliegue de mis
alas....
Deja que entre tu pelo
se deshojen
mis manos delicadas;
sabré quererte con
quietud de arrullo,
sabré dormirte con calor
de lágrimas.
Nadie en la vida te dará
más seda
que la que yo
destrenzaré en tu
almohada;
tendrá el olor del musgo
humedecido
y una sutil irradiación
castaña.
Ven, acércate más.
Para tu cuerpo
seré una azul ondulación
de llama,
y si tu ardor entre mi
nieve prende,
y si mi nieve entre tu
fuego cuaja,
verás mi cuerpo
convertirse en cuna
para que el hijo de tus
sueños nazca.
L. Victoria

ENTRE MIS MANOS...
Entre mis manos vives
en confusión de
nacimiento y corazón
herido,
como desvanecerse o
contemplar
un alto simulacro de
ruinas;
sobre mis dedos mueres,
materia pensativa que se
abate
bajo el murmullo de mi
tacto,
y eres tristeza en mí,
suave como la forma de
la nieve,
como cerrar la puerta
o mirar la inocencia de
una pluma.
Nacida para mi caricia,
con un perdón que olvida
y un comienzo
de éxtasis y aromas,
me acerco hacia tu
aliento,
tu oído con mis labios
toco y digo
que nuestro amor es
agonía,
que escuches mi temor y
mi palabra de humo
y que yo, como tú, de
noche oigo
cómo se pierde el
pensamiento,
confuso entre mi carne y
tu recuerdo.
Mas retiro mi rostro de
tus ojos
porque ya no podré
pensar una palabra
que no habite tu nombre,
y porque surges hasta
del silencio
como enemiga que desdeña
el arma
y de improviso nace
entre las sombras,
cuando sin ti yo no
sería
sino un olvido
abandonado
entre las ruinas de mi
pensamiento
A. Chumacero

LA SED
Tu beso fue en mis
labios
de un dulzor
refrescante.
Sensación de agua viva y
moras negras
me dio tu boca amante.
Cansada me acosté sobre
los pastos
con tu brazo tendido,
por apoyo.
Y me cayó tu beso entre
los labios,
como un fruto maduro de
la selva
o un lavado guijarro del
arroyo.
Tengo sed otra vez,
amado mío.
Dame tu beso fresco tal
como una
piedrezuela del río.
J. de Ibarbourou

MAITINES
Callad, amantes, y
ocupad el labio
con el beso. No
pronunciéis palabras
vanas
mientras se busca
vuestro corazón
en otro pecho, jadeante
y pobre
como el vuestro,
ya al filo de la aurora.
Cuando te poseí por vez
primera
tocaban a maitines
en el Convento de las
Mercedarias.
La tiniebla del aire
estremecieron
repentinos palomos
alterados.
Titubeante el alma
sonreía,
sin comprender por qué,
en torno a tu cintura.
Y luego, hasta la alcoba
recién inaugurada,
fueron entrando laúdes y
alabanzas
que mi alma repetía con
orgullo
suavemente en tu oído.
Callad amantes y ocupad
el labio con el beso...
A. Gala

RITUAL SECRETO
Amante mío, estoy
desnuda, más fresca que
el agua azul
para tu noche de amor.
Cada extremo de mi boca,
cada esquina de mis
miembros
se apresuran como ágiles
peces
hacia tus tibias aguas.
Amante mío, yo deseo la
mordedura de tus dientes
y me encamino temblorosa
hacia cada uno de tus
dedos,
me detengo a mirar tu
cuerpo a través de
oscura cerradura
e incontenible deseo se
posa en mis húmedos
senos.
Por ti se escapa la
sequedad de mi boca,
mi mirada de brújula
perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus
profundas aguas
y me abro como flor
nocturna a tu plácida
noche.
Mi cuerpo, fiesta fértil
y lasciva.
Paséeme solitaria,
desnuda ante tu noche,
siémbrame semillas
olorosas a sal.
Mírame desnuda
con la hermosa sospecha
que mi vientre será
fértil a tu salada
lluvia.
Mi caverna, tibia y
silenciosa, guarida
perfecta
de tu solitario cuerpo,
Mi boca es suave entre
tus dientes,
mi lengua, pájaro que
anida en tu boca.
Por mi carne fluye sudor
de hierro
y me prendo
como alga marina a tu
confuso mar.
Soy la obra inconclusa
con infinitas
posibilidades para un
final.
Me entrego fácil a tus
brazos,
con el misterioso
encanto de un ritual.
O. Lozano |