(Para ver la foto más grande picar encima)
Antiguo
castillo señorial de estilo morisco restaurado a fines del siglo XVI por el
virrey de Valencia, patriarca Juan de Ribera, hoy santo, con artesonados en los
salones, ventanales geminados en las habitaciones, con jardines, etc. A pesar de
la radical transformación palaciega, aún descuella altiva la torre secular del
homenaje, rematada de almenas, en la plaza del pueblo, al lado de la iglesia
parroquial.
Ignórase quién fue su primer señor; quizá los últimos reyes moros de Valencia; quizá el mismo Aben Zeyan en la primera mitad del siglo XIII.
Conquistada
por Jaime I la entonces alquería de Burjasot, donóla a Garcia Pérez de
Figuerola, donación que revocó a poco para repetirla a favor del abad de
Ripoll. En el siglo XIV hizo suya esta alquería micer Domingo Mascó por
concesión de Juan I, en 1.389. Venido Martín I a celebrar Cortes en Valencia
por una epidemia, los jurados le ofrecieron retiro en este castillo de Burjasot,
dándole para su tralado a él 5.000 florines al rey y 1.000 más a la reina; y
en él se celebraron reales Consejos antes de trasladar las Cortes a Segorbe, en
1.401. El cabildo de Valencia compró el castillo de Burjasot al doctor Mascó en
1.425, y aseguró en 1.494 el señorío territorial con Bolavar, que luego lo
vendió a mosén Simó y pasó a otros señores hasta llegar a poder del
arzobispo de Valencia,
patriarca Juan Ribera, el año 1.600, el cual restauró el
castillo y descansó en él largas temporadas de su ancianidad. Finalmente,
cuando la Desamortización del siglo XIX, la Fundación de Corpus Chisti del
Patriarca Ribera perdió el castillo y señorío de Burjasot, que se subastaron
como bienes secularizados del Estado a particulares. Pero a fines del siglo XIX
una dama lo compró para convertirlo en asilo, el cual después se trocó en un
colegio mayor, según las inspiraciones del beato Juan de Ribera; y para
ello lega todos sus bienes doña Carolina Álvarez Ruiz. En la planta baja se
instaló una capilla gótica, donde fue enterrada la fundadora; arriba,
biblioteca y demás dependencias, como salón de actos y salas en que moró San
Juan de Ribera, virrey de Valencia.
Aparece en la
cumbre del monte. A raíz de su conquista la donó Jaime I al señor de
Albarracín, Pedro Fernández de Azagra, por haberle ayudado en la reconquista
valenciana, entre otros trescientos ochenta caballeros, prelados y ricohomes.
Este castillo tuvo gran importancia en las luchas entre romanos y cartagineses,
godos, árabes y cristianos, y todas las subsiguientes a la Reconquista, hasta
las civilizaciones del siglo XIX, quedando arruinado el castro secular 1.839. El
historiador Pirala recoge la tradición, no confirmada por la crítica
histórica, de que en esta torre fue enterrado el caudillo cartaginés
Asdrúbal, hijo de Amílcar y hermano de Aníbal, del cual se conservó una rica
vasija de sándalo con incustraciones o taraceas de marfil. Y que su muerte
ocurrió en el año 218 antes de Jesucristo, por las huestes romanas, que
mandaron decapitar el cadáver para enviar su cabeza al campamento de Aníbal, a
quien iba a auxiliar su hermano en su campaña de Italia. Y fue Aníbal quien
mandó enterrar en esta famosa torre los restos mutilados de su hermano
Asdrúbal. Modernamente fue también esta torre seguro refugio, durante tres
años de la guerra civil, para los carlistas, hasta que la conquistó el general
Aspiroz, que la mandó volar, con gran cantidad de pólvora, en la mañana del
25 de noviembre del citado año 1.839, sin respeto al arte y a la historia del
milenario monumento.
El obispo segobricense fray José Sanchiz, en 1.675, antes de su destrucción, visitó el importante castillo Torre de Castro y aseguró "no haber en él cosa por menuda que pareciese, que no fuese un prodigio de arte donde tenían mucho que aprender los maestros de la arquitectura, pues, además de ser muy bella, era tan sólida e inexpugnable su fábrica, que bastarían dos soldados para defenderla del ataque de un ejército numeroso".
La Fenix Troyana, del doctor V. Mares, en 1.861, también ponderó este castillo chelvano en parecidos términos al prelado segorbino. Según él, era una respetable fortaleza de 66 palmos de altura, sobre la roca en que se hallaba cimentada - a 300 metros de altitud sobre los arroyos de Peñacortada y Alcotas -. A gran profundidad se abrían interiormente los depósitos de armas y vituallas, la cuadra para la guarnición del castillo y la cisterna o aljibe, alimentada por agua de manantial, traída de media legua de su nacimiento, en conducción subterránea. Las murallas laterales del cerco tenían una circunvalación de 164 palmos y 9 de espesor, sin otra puerta de ingreso que la colocada a 3 varas de altura, con escalera levadiza. En el primer piso había cuatro grandes troneras, y coronaban el castillo recias almenas de sillares de un metro de altura y casi otro tanto de espesor.
Desde la
época romana fue el Puig, hasta la época medieval, una aldea con torre
fortificada, casi una atalaya avanzada de la ciudad de Valencia. Hoy, Cruzando
el ferrocarril del Norte, o la carretera de Valencia, no lejos de Sagunto, se ve
sobre la colina o Puig la insignificante ruina de un castillejo de la
Reconquista, cosa despreciable, al parecer, pues no hay que buscar en ella
arquitectura ni detalle alguno grato a la vista; solamente el recuerdo
histórico. En el mismo siglo XIII, en que el rey Fernando III el Santo, cerca de
Sevilla, juró traer a los pies de la Virgen de "Valme" el pendón de
los moros, aquí en el Puig el rey Jaime I el Conquistador juraba traer ante la
imagen de la Virgen (allí desenterrada debajo de una campana, por Pedro
Nolasco) las llaves de Valencia, en poder aún de los musulmanes. Al intentar
emprender este rey la conquista del Puig, castillo dominador de la llanura
valenciana, Zeyan, comprendiendo sus dificultades para sostener este castillo de Enesa contra el seguro ataque de los cristianos, lo destruyó; pero el
Conquistador encargó su inmediata reedificación Bernardo Guillén de Entenza,
su tío (1), nombrado gobernador del reedificado castillo, el cual, después de
la famosa batalla contra los árabes y de la gloriosa conquista de Valencia,
murió aquí (2), siendo enterrado en magnífico sepulcro gótico en el templo
monacal del Puig (3). Pues bien: asegurada por Jaime I en el Puig la
comunicación entre Aragón y Cataluña, pudo ir a las Cortes de Monzón y a
casar con la hija del rey de Andrés de Hungría;
mientras tanto, el intentar Zeyan conquistar, con grueso ejército, el perdido castillo del Puig, con 40.000
moros, cayendo de improviso sobre la limitada guarnición cristiana, Guillén de
Entenza con los suyos, para no morir acorralados dentro de los muros del
pequeño castillo, salieron al grito de "¡San Jorge, Aragón,
Aragón!", consiguiendo una victoria verdaderamente portentosa. Es muy
interesante la historia de este castillo, que la publicó el padre Francisco
Diago, en el siglo XVIII, en sus Anales de Valencia. Por eso aconsejamos
su lectura.
(1) Este castillo perteneció en señorío a los Entenza, viniendo a poder de doña Margarita de Lauria, hija de Roger y de doña Saurina de Entenza, y al morir sin sucesión doña Margarita, en 1343, pasó este castillo a la Corona. Pedro IV lo donó a Pedro de Xérica en 1349.
(2) Quedó el cadaver insepulto, con las llaves de la fortaleza sobre el pecho, en el féretro, hasta que, avisado, llegó el rey de Aragón a incautarse de ellas, ordenando el sepelio.
(3) Este artístico sepulcro esculturado gótico fue destrozado durante la guerra civil de 1936-39, como el santuario y otras antigüedades.